Descalzo sin mostrar los pies
repasó la carta para conmoverme.
Necesitaba tanto mi atención
como la flor a la abeja.
Respiré su discurso e imaginé su raíz,
razón por la cual, quizás, su empresa fracasó.
Me agradeció sinceramente por atestiguar su pérdida de tiempo
y, sin querer, olvidé el contexto;
Se había ido del libro, y yo del mundo.
Lo compensé de buena fe y me alejé sabiendo
que no había hecho sentir mejor a nadie
más que a mi mismo.
