sábado, 8 de septiembre de 2007

PEQUEÑA AUTOPSIA ESPIRITUAL

No creían haberlo visto. Sin embargo, ahí estaba Él, sosteniendo sus plegarias y conteniéndolas antes de partir. Ocurrió tan velozmente... Oscureció. Cuando cerró sus ojos, no sabía dónde estaba, mas los dardos lo acertaron e hirieron para su posterior -necesario- dolor. Coronado y astillado, se morían de ganas de tocarlo, de matarlo. Al menos eso narra la fábula. Y no le avisaron que el doctor dormía. Ya no hay tiempo de lamentos. Sus jeroglíficos no habrían de ser decodificados hasta algunos siglos después. Mas todavía no arriba el día del sol, y aún se huele el misterio cuando se consume la vela. No, gracias, yo no. Problemas los de ellos, que regulan sus comportamientos y ocultan las ambiciones. Atados a presiones, con miedo a ser castigados y anhelando un lugar mejor. Conformarse con lo que no tienen no deberían aceptar. A mí, no me desagrada. A la sazón, me parece una novela muy original, pero nunca la terminé de leer. Por otro lado, no me olvido que sí leí que su doctrina fue -es y será- un instrumento de dominación de las clases subalternas.
Cuando creyeron haberlo visto, ya se había ido. Es tan ilógico aprender una lengua en segundos, como no creer en tus convicciones. Siempre por tus convicciones. Oh! Debemos de jurar morir en nombre de las gloriosas convicciones; y juremos con gloria morir.

05/06/02

viernes, 31 de agosto de 2007

Salario

Descalzo sin mostrar los pies
repasó la carta para conmoverme.
Necesitaba tanto mi atención
como la flor a la abeja.
Respiré su discurso e imaginé su raíz,
razón por la cual, quizás, su empresa fracasó.
Me agradeció sinceramente por atestiguar su pérdida de tiempo
y, sin querer, olvidé el contexto;
Se había ido del libro, y yo del mundo.
Lo compensé de buena fe y me alejé sabiendo
que no había hecho sentir mejor a nadie
más que a mi mismo.

martes, 31 de julio de 2007

Plus Ultra


No está bien lo que te pasa,
te hace un ruido que no entendés.
Esta ropa no hace falta,
habla por lo que no se ve.
Y está bien que te haga falta.
Este siglo supo correr
entre máquinas y casas,
entre gente que tiene sed.
Y mirá si la vida te trae una copa pa´l brindis
y quedás sin botella por nunca haberla ido a buscar.
Supongo que es mejor si la vas a buscar,
que creer que será el tiempo quién te la traerá.
¿Cuánto más podrá estirarla?
¿Cuánto le sirve esta actitud,
de la risa en la desgracia
consumirse en la juventud?
¿Y qué hacés con estas ganas
de arrimarle el olor del sur?
De atacar con la mirada
a este ocaso falto de luz.

Señales


Tu geografía se reduce a la mitad,
te lleva el tiempo por un túnel de ansiedad.
Y siempre estás adentro
lavando lo que no ensuciás.
Un martillero te reclama voluntad,
te cambia el signo y te empezás a limitar.
Y ya no está tan bueno,
hoy apostás la libertad.
Te estás prendiendo fuego
con actitudes a pagar.
Y no te gusta, pensar en nada,
y estás cansado de hablar.
Para cuando vuelvan
no habrá más tiempo que perder,
ni razón que entienda tu parecer.
La medicina no te da lo que buscás,
tanteaste el campo y enfundaste la verdad.
Y a este talón sin suela
lo interpretás como señal.
Viajás al fondo y te enroscás un poco más,
mirando a todos como si estuvieran mal.
Y sos el más ausente
y no sabés cómo arrancar
una vida decente
o una que, al menos, no haga mal.

Prosas

Quiero que te pasen tantas cosas por mi culpa
que te ilumine el sol hasta en la sombra
y no distingas más lo que te gusta.
Quiero caminarte hasta que se noten mis huellas,
y descubrirte oasis en ciudades que hasta ayer
te parecían desiertas.
Y veo lo que va a venir,
las prosas que vas a decir,
y yo me enrosco siempre
en lo inestable.
Y para no verte mañana,
tendré que llorar, ay ay.
Y para no verte mañana,
tendré que llorar, ay ay.
Quiero vulnerarte de estas manos, de esta lengua;
flotar sin gravedad ante el lamento
y ser la sangre que te de consuelo.
Quiero que te pasen tantas cosas por mi culpa
que te ilumine el sol hasta en la sombra
y no distingas más lo que te gusta.

Despectador

No aspires las cenizas de esta angustia
si te vi fumando.
No aspires a que te regale un trébol
sin herir tu ego.
Y cuándo agonices
te vas a sentir mejor.
De pie aunque no quieran
para dar una lección;
hasta entonces te espero,
bajo mi sangre,
que hoy viste de negro.
No soy yo el que te complica el juego
por estar adentro.
Si pecás, de omisión o de ocupado,
igual va a ser tu culpa
Pero si pensás
que es lo mismo hablar que callar,
que están todos locos,
que se salve el que sepa nadar,
vas a perder tu tiempo
y el de tu ángel,
que hoy viste negro.
Y ahora mejor te vas de acá,
no sea que se acuerden de vos
y se pudra el rancho aún peor.
Y el negro no te sienta bien:
le da ventaja a la vejez.
Sabés? Te estás haciendo mal
y no te importa.
Y el negro te sentó al revés,
te puso contra la pared
y te salieron a buscar
los que nunca dejaste de insultar.
Pensá un poquito en los demás
si es que te dan otra oportunidad.
La gente vive de tu ayer,
son un producto de tu inmadurez.
¿Y quién será vedette de turno
para silenciar la verdad?

viernes, 26 de enero de 2007

El Retrato más profundo no se muestra

El final es importante en y para todas las cosas. Es justamente una conclusión lo necesario para un nuevo inicio. Y Miguel había terminado otro trabajo. Sus obras, desde su última – y primera- exposición, habían adquirido el valor necesario para otorgarle un cómodo relax económico. Aquella noche, el viejo museo se llenó de curiosas pupilas – entre las cuales se destacaban algunas de las más reconocidas a nivel alternativo y también las fastidiosas elitistas-, que recorrían los coloridos pasillos en busca de inspiración para el próximo comentario. El siguiente amanecer se asomó reconfortante y él descubrió variados artículos en distintos periódicos endulzando su trabajo.
Esta vez había utilizado unos matices grises, que le daban vida a su pintura a través de la muerte. Una incongruencia magnífica, había leído Miguel en un diario vespertino.
En ese momento, su divino letargo –en la contemplación de la obra finalizada y su respectiva satisfacción- se vio interrumpido por varios golpes a su puerta. Dirigió su vista hacia la entrada y, a continuación, realizó lo mismo con su delgada humanidad, muy a su pesar. Encontró detrás de la puerta a Virginia, la hija de su vecina, la Señora Norma. La joven no dejaba de ser bella a pesar de su rostro inusualmente pálido y sus lágrimas correteando sus mejillas para refugiarse en la boca. Él descubrió en su rostro un gesto de horror que deformaba su nariz. Sus ojos, aún húmedos, no perdían tiempo pestañeando. Su mirada, alteradísima, se dirigía al interior de la humilde habitación, más desordenada que lo habitual, pues Miguel pensaba mudarse pronto. Él, que no lograba aún decodificar la situación ni meter bocado para iniciar algún tipo de conversación, siguió la línea de la mirada de Virginia y estrelló la propia contra su fresco paño. Inmediatamente se horrorizó. Se volteó velozmente para disculparse en nombre de su morbo inconsciente, pero halló el umbral vacío. Superado por la situación y enojado consigo mismo, cerró la puerta. Cayó al piso lentamente, deslizando su espalda por la puerta mientras volvía a contemplar el cuadro: ¿Cómo demonios se le había ocurrido dibujar a la señora Norma renunciada a la vida, en su vieja mecedora de mimbre? Y así, entre pensamientos y lágrimas, se durmió sólo unos minutos.



Cuando despertó, aún llovía furiosamente. Comprendió que su locura por el misterio de la muerte había ido demasiado lejos y alcanzado un sitio inapropiado, pues la perturbación ya no era personal. Salió al pasillo y golpeó la puerta más próxima. Al no obtener respuesta, llamó a Norma con su voz varias veces, hasta que probó abrir el pórtico. Éste no otorgó ninguna dificultad más que dejar expuestos todos sus sentidos a una tétrica imagen: exactamente la misma que había retratado unas horas atrás. Norma yacía en su mecedora. Sus ojos, rebeldes, no habían querido cerrarse todavía. Sus brazos sobresalían el límite de su asiento y apuntaban al suelo. No pudo hacer otra cosa que retroceder un paso instintivamente y profirió un grito cuando vislumbró una figura corriendo hacia él. Se calmó al identificar a Luis, el portero, quien le comentaba algo.
-¿Trágico, no? Yo todavía no lo puedo creer… Fíjese, Miguel, que hoy mismo, a la mañanita, estuve hablando con ella y la vi fenómeno- hablaba del asunto como si relatara un partido, y miguel creyó ver, en algún momento, una de esas miradas de asombro y una curva en sus labios; como si por fin hubiese sucedido algo que despierte su vida vegetal-. Pero bué, son las reglas de la vida, ¿no cree? Virginia está en la vereda esperando a la ambulancia, ¿Viene?.... ¿Me escucha, Miguel?.... ¡Espere! ¿Adónde va?.. ¡Eh, Miguel!...
Pero ya estaba encerrado en su habitación. Tomó su pincel, una nueva tela y se dejó llevar, tal como lo hiciera en su anterior tarea. Estaba enojado, o quizás sorprendido, casi perplejo, o aturdido, no sabía, pero algo no estaba bien. No sabía qué dibujaba, pero movía sus manos como interpretando imágenes que se aparecían a modo de flashes fotográficos por su mente y lo cegaban.



Otro fin; una nueva obra había culminado. Cuando reparó en su trabajo, perdió las fuerzas, enmudeció, su rostro se tornó palidó, sudó, lloró y cayó finalmente al suelo, para quedar exactamente en la misma posición en que se acababa de retratar.


El Fin (el último)

viernes, 19 de enero de 2007

....

“Esa realidad de chocolate que se asoma los Viernes por las
rendijas de tus nubes.
Esa vigente tristeza que se transmite en Vivo desde tus ojos,
cuando tu luna pierde una vocal;
y la encuentra al siguiente alba, en un nuevo best-seller de una
historia repetida
que se habrá escrito en negra prosa, en pos del rosa, que
amanece puntualmente atrasado.
Y te suda el pensamiento, que se ha embarcado en el tren de los
pobres con dinero,
para anclarse en el andén del deseo, donde una elite de soledades
discute su mejor suicidio;
a llevarse a cabo con el arma más tierna, que no requiere de otra inversión,
más que una eterna certeza de querer vivir lo inesperado.”

miércoles, 17 de enero de 2007

Apolo Bífida

¿Cómo es eso que cenaste ayer y te acostaste pensando en vos?
Sabés, tu hermano no está muy bien, está nadando contra el reloj.
¿Acaso fuiste a llorar por él? ¿O tu oficina no lo avaló?
¿Hace cuánto lo fuiste a ver sin pensar sólo en la buena acción?

Y te avivaste cuando se fue. Te avivaste cuando se fue...

Te censuraste al último eslabón, mientras te otorgaban la promoción.
Tu imperialismo te autodestruyó y hoy tu psiquiatra se ríe de vos.
¿Qué va a hacer ahora tu ángel delirante
cuando descubra que no hay cicatrizantes?
Se vino el ocaso -está así ya hace rato-:
un depresivo que no encuentra atajos.

Y te avivaste cuando se fue. Te avivaste cuando se fue...

¿Cuánto sale este semestre, para avalar lo que no es legal?
¿Quién ha bautizado al ogro, adornándolo de facultad?
¿Quién celebra en fecha absurda un aniversario en concesión?
Abróchense los dientes, porque sólo queda una guerra más.

Rescataste lo peor de tu gente más fiel.
Te olvidaste que en la vida hay más por hacer.
Bonaerenses incoherentes, corralito entre la gente.
Linda cena hay en tu mesa, y otros cientos se lamentan.

Y te avivaste cuando se fue. Y te avivaste cuando se fue.

Te veré, veré, llorándole tras la espalda.
Te veré, veré, llorándole tras la espalda.
Te veré, te veré....
Te veré, veré, llorándole tras la espalda.

Postre Marihuana

Si se ha parado el tiempo
en el mismo instante en que me voy,
no te jactes de eso:
es sólo que mi aguja aún piensa en vos.

Si se ha escondido el viento
y ya no hay lugar para tu voz,
no te asustes por eso:
es sólo un viejo amigo y me siguió.

¿Cuántos te han visto llorar y te secaron la piel?
¿Quién te ha sabido llevar hasta el Jardín del Edén?
Hasta el Jardín del Edén...

Si se enfría el infierno
en el mismo instante en que me voy,
no sonrías por eso:
es sólo que mi diablo aún piensa en vos.

Si cuando abrís los ojos
no ves un panorama mejor,
no invoques al mañana:
pensá que hoy mismo puedo estar con vos.

¿Cuántos te han visto llorar y te secaron la piel?
¿Quién te ha sabido llevar hasta el Jardín del Edén?
Hasta el Jardín del Edén...

Soy yo el geólogo de tus lunares.
Qué lindas piernas, ¿a qué hora abren?
¿Dónde hay que hacer la cola? Ahí voy.
Soy un cuadro que nunca se colgó.

Al cielo no suspires más, no me vas a encontrar ahí.
Si me deje algo en el placard ahí lo paso a buscar.
Si no cambiaste de opinión, voy un toque y me voy.

Y, mirá: me adelgazaste la sonrisa veterana,
entre gritos, platos rotos y de postre, marihuana.
Medioanoche: Los vecinos acampando en el pasillo,
interpretando estupideces cual si fueras angelito.

Hasta el Jardín del Edén...

Dibujitos

Mirá la palma que algo va a inquirir
¿será tu alma la que se fue a dormir?
Y aunque estuvieras cerca, no ves.

Tu staff te apremia y se han puesto de pie
más de mil veces para poderte ver.
Y aunque quisieras verte, no ves.

Hay paraísos que no son edén.
Hay circulitos que se han de romper.

¿Qué? ¿Qué hay que hacer pa´ que te pique la conciencia y puedas ver
qué te pasó, si arrancaste pensando lo mismo que yo?

Todos hablan, nadie se calla:
se abren las fauces del depredador.

¿Acaso nieva donde hace calor?
Tus mecanismos no son solución.
Y aunque ahora estés alerta, no ves.

Desde la esquina grita un general,
vos le das letra desde otro lugar.
Y aunque te estés hundiendo, no ves.

Hay paraísos que no son edén.
Hay dibujitos que no habría que ver.

¿Qué? ¿Qué hay que hacer pa´ que te pique la conciencia y puedas ver
qué te pasó, si arrancaste pensando lo mismo que yo?
¿Para qué intimaste a tu gente y la pusiste a tus pies?

Y Todos hablan, nadie se calla:
se abren las fauces del depredador.

Carmesí

Yo te soñé en carmesí,
te soñé junto a mí.
Ay, cómo me va a gustar,
si vinieron a despertarme.
Ay, cómo me va a gustar
si no puedo alcanzarte.
El tiempo pasa sin vos
y se me queda el el sabor.
Ay, cómo me va a gustar
si me arrugo sin verte.
Ay, cómo me va a gustar,
si no compartimos la suerte.
Y el invierno me alcanzó en pleno de mes de Enero;
se aprovechó de mi tristeza y me enfermó.
Y me morí sin vivir,
y allí en el cielo te vi.
Ay, cómo podía saber
que me enamoré de un ángel.
Ay, ahora que te encontré,
quizás aún no sea tarde.

El Otro Lado

Andá a saber qué habrá del otro lado,
quizás allá te extirpen el tumor.
Hay una ducha fría y pies descalzos,
y me canso de juntar valor,
ese mismo que me ha faltado tanto.
Recurro a musas como cable a tierra,
recurro a vos a modo de adicción.
Este planeta sigue dando vueltas,
y me arrastra sin pedírmelo;
está en mis manos boicoteárselo.
Es que me viven rodeando los que no quiero encontrar,
me irrita su mediocridad.
Y si te veo tan poquito, es mejor no verte más,
y así no pasarla tan mal.

martes, 16 de enero de 2007

Luces Malas

¿Quién ha apagado las luces si aún estaba arriba mi telón?
Llévenme hacia ningún lado, ya no me interesa a dónde voy.
Responsables son los de allá afuera,
písenme, yo ya no tengo fuerzas.
Y el caminito está tan claro...
Tan claro que no distingo si está muy lejos mi dolor,
ni los sonidos de mi voz.
Luces malas en el cielo de hoy me han perturbado la razón;
se me han caído los ojos y me adhiero al suelo y su calor.
Escenario frágil en el tiempo,
las imágenes del mismo infierno.
Y el caminito está tan claro...
Tan claro que no distingo si está muy lejos mi dolor,
o si pierdo el tiempo hablándolo.